pedagogía

Cuando mi mente todavía no puede comprender lo que ha sucedido

Ayer, durante nuestro encuentro en el Círculo de acompañamiento al duelo por pérdida de hijos, hablamos de algo que conozco muy bien y sobre lo que me gustaría que fuéramos reflexionando poco a poco.

Cuando mi hija murió, hubo algo dentro de mí que no podía comprender lo que estaba sucediendo. Yo sabía lo que había pasado, había vivido su muerte, pero una parte de mí seguía esperando que todo fuera diferente.

¿Cómo podía ser verdad que mi hija ya no estuviera? ¿Cómo podía ser que no volviera a verla entrar por la puerta, escuchar su voz o compartir con ella tantas cosas que formaban parte de nuestra vida?

Durante años, mi mente había aprendido una realidad: mi hija estaba en el mundo, formaba parte de mis días, de mis pensamientos, de mis planes y de mi futuro.

Y, de pronto, esa realidad se rompió.

Con el tiempo fui comprendiendo algo que hoy quiero compartir con vosotros.

Nuestra mente necesita que las cosas tengan cierta coherencia. Necesita reconocer el mundo en el que vivimos, comprender lo que sucede y encontrar alguna continuidad entre lo que conocíamos y lo que estamos viviendo.

Pero cuando muere un hijo, esa continuidad se rompe de una manera difícil de describir.

Por una parte, sé que mi hija ha muerto. Por otra, todo lo que he vivido con ella, todo lo que he aprendido a esperar y todo lo que significa ser su madre siguen estando dentro de mí.

Es como si convivieran dos realidades que, al principio, no consigo reunir.

Una parte de mí sabe lo que ha ocurrido. Otra todavía espera encontrarla.

Y esto no significa que esté perdiendo la razón, que no quiera aceptar la realidad o que esté haciendo algo mal.

Significa que necesito tiempo para comprender una realidad que ha cambiado profundamente mi mundo.

En psicología existe una teoría que puede ayudarnos a entender una pequeña parte de esta experiencia. Se llama disonancia cognitiva y fue propuesta por el psicólogo Leon Festinger en 1957.

Explicado de manera sencilla, cuando dentro de nosotros conviven dos ideas que parecen incompatibles, podemos experimentar una tensión muy grande.

En mi caso, esas dos realidades podrían expresarse así:

«Mi hija forma parte de mi vida. Soy su madre y siempre lo seré».

Y, al mismo tiempo:

«Mi hija ha muerto y ya no puedo compartir con ella la vida como antes».

No es sencillo aprender a vivir con ambas verdades.

Y quizás lo más importante que he ido descubriendo es que no necesito borrar una para reconocer la otra.

Puedo saber que mi hija ha muerto y seguir sintiéndome profundamente vinculada a ella.

Puedo comprender su ausencia física y continuar siendo su madre.

Puedo aprender a vivir en un mundo en el que ella ya no está físicamente, sin tener que renunciar a todo lo que su existencia significa para mí.

No se trata de olvidar, de dejar atrás ni de obligarme a aceptar algo para lo que todavía no encuentro palabras.

Se trata de ir comprendiendo, poco a poco, lo que ha sucedido y cómo puedo seguir viviendo con esta realidad.

Y quiero terminar compartiendo algo que para mí es importante.

Cuando hablamos de comprender la muerte de nuestros hijos, no estamos hablando de encontrarle una explicación o un sentido a su muerte. Hay muertes para las que quizás nunca encontremos una respuesta que nos resulte suficiente.

Estamos hablando de aprender a vivir con una realidad que nunca hubiéramos querido vivir.

Y ese aprendizaje no tiene un calendario, ni se consigue por voluntad, ni todos lo experimentamos de la misma manera.

Por eso me gustaría que en nuestros encuentros pudiéramos seguir hablando de estas experiencias, sin prisas y sin exigirnos respuestas.

Porque a veces comprender un poquito mejor lo que nos sucede no elimina el dolor, pero puede ayudarnos a tratarnos con más ternura.

Y eso también forma parte de acompañarnos.

Con cariño.

Teresa Escobar Ruiz

Fuentes de referencia

Festinger, L. (1957). A Theory of Cognitive Dissonance. Stanford University Press.

Neimeyer, R. A. (2001). Meaning Reconstruction & the Experience of Loss. American Psychological Association.

Klass, D., Silverman, P. R. y Nickman, S. L. (Eds.). (1996). Continuing Bonds: New Understandings of Grief. Taylor & Francis.

Compartir

Entradas recientes

  • Duelo

Cuando alguien está en duelo: palabras que acompañan sin invadir

Cuando alguien está en duelo: palabras que acompañan sin invadir 15 maneras de expresar cercanía,… Leer más

  • pedagogía

El autocuidado en el duelo: aprender a no abandonarme cuando más me necesito

Una reflexión personal sobre el cuidado, la vulnerabilidad y todo aquello que he ido aprendiendo… Leer más

  • Duelo

Lo que el dolor me enseñó

Reflexiones nacidas de mi propia experiencia de duelo Unas palabras antes de comenzar Escribí estas… Leer más

  • pedagogía

Cuando las palabras no alcanzan, un abrazo puede acompañar

Reflexiones sobre el duelo, los abrazos y la importancia de sentirnos acompañados cuando la vida… Leer más

  • pedagogía

La vida que queda tras la tragedia de Adamuz: acompañar a una niña superviviente desde la pedagogía de la muerte

La vida que queda tras la tragedia de Adamuz: acompañar a una niña superviviente desde… Leer más

  • pedagogía

El autocuidado como práctica de presencia profunda

Un regreso íntimo a lo esencial En un mundo que nos invita constantemente a ir… Leer más