Duelo

Lo que el dolor me enseñó

Reflexiones nacidas de mi propia experiencia de duelo

Unas palabras antes de comenzar

Escribí estas palabras hace algunos años. No recuerdo exactamente cuándo, pero sí recuerdo de dónde nacieron.

Nacieron de mi propia experiencia de duelo, de las muchas preguntas que me hice después de la muerte de mi hija y de todo aquello que, sin haberlo elegido, fui descubriendo mientras aprendía a vivir con su ausencia.

Durante mucho tiempo pensé que el dolor solo podía quitarme cosas. Y ciertamente me arrebató mucho. Me cambió la vida, mis certezas, mi manera de mirar el mundo y hasta la forma de comprenderme a mí misma.

Pero con los años también fui descubriendo que algunas de las experiencias más difíciles nos llevan a mirar hacia lugares de nuestro interior que antes desconocíamos.

No porque el sufrimiento sea necesario para aprender. No porque tengamos que agradecer aquello que nos ha sucedido. Y mucho menos porque toda pérdida deba dejarnos una enseñanza.

Simplemente, en mi propia historia, hubo cosas que fui comprendiendo mientras atravesaba el dolor.

Este poema nació de esas pequeñas comprensiones.

Hoy lo comparto sin pretender que sus palabras representen la experiencia de todas las personas en duelo. Cada historia es diferente, cada vínculo es único y cada uno encuentra, o no, sus propias respuestas.

Son solamente algunas de las cosas que el dolor me enseñó a mí.

Y quizás, entre estas palabras, encuentres alguna que también hable de ti.

Lo que el dolor me enseñó

Con los años, en mi duelo, aprendí

que se puede respirar por una herida,

que se puede caminar
estando rota por dentro,

que llorar a mares
también te enseña a surfear el dolor.

Que la muerte de un ser querido
nos cambia la forma de ver la vida,
y su vida
nos cambia la forma de ver la muerte.

Que un dolor que no se ha vivido
no puede juzgarse.

Que el tiempo no lo cura todo.

Que la ausencia no es el olvido.

Que la vulnerabilidad
también es una fortaleza.

Que el verdadero milagro
se llama proceso.

Que en el duelo
algunos amigos se vuelven extraños
y algunos extraños se vuelven amigos.

Que no se puede llamar muerto
a quien alcanzó la conciencia
de la eternidad.

Que todos somos peregrinos
y nuestras moradas son provisionales.

Que la vida siempre nos empuja
y nos ofrece la oportunidad
de mirar y darnos cuenta

de que, al final,
las cosas importantes de la vida
no se cuentan con números,
sino con historias.

Que el camino hacia la sanación
también pasa por cooperar
con lo inevitable,

por reconocer nuestras luces
y nuestras sombras,

y por descubrir
que algunos de los recursos
que necesitamos para sanar
habitan en nuestro interior.

Con el cariño de quien también conoce el dolor de la ausencia y ha aprendido que el amor siempre encuentra maneras de permanecer.

Teresa Escobar Ruiz

Compartir

Entradas recientes

  • Duelo

Cuando alguien está en duelo: palabras que acompañan sin invadir

Cuando alguien está en duelo: palabras que acompañan sin invadir 15 maneras de expresar cercanía,… Leer más

  • pedagogía

Cuando mi mente todavía no puede comprender lo que ha sucedido

Ayer, durante nuestro encuentro en el Círculo de acompañamiento al duelo por pérdida de hijos,… Leer más

  • pedagogía

El autocuidado en el duelo: aprender a no abandonarme cuando más me necesito

Una reflexión personal sobre el cuidado, la vulnerabilidad y todo aquello que he ido aprendiendo… Leer más

  • pedagogía

Cuando las palabras no alcanzan, un abrazo puede acompañar

Reflexiones sobre el duelo, los abrazos y la importancia de sentirnos acompañados cuando la vida… Leer más

  • pedagogía

La vida que queda tras la tragedia de Adamuz: acompañar a una niña superviviente desde la pedagogía de la muerte

La vida que queda tras la tragedia de Adamuz: acompañar a una niña superviviente desde… Leer más

  • pedagogía

El autocuidado como práctica de presencia profunda

Un regreso íntimo a lo esencial En un mundo que nos invita constantemente a ir… Leer más